MIS PROSAS POÉTICAS AQUÍ

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sábado, 4 de marzo de 2017

BELLEZA

                                                    BELLEZA

Era intangible como el viento. Sentía pero no había tacto. Los colores ocres, rojizos y dorados se confundían con la hierba del camino, con el suave marrón de la tierra que, en dos surcos marcados por las ruedas de algún vehículo, invitaba a pasear bajo la sombra de la espesa arboleda del bosque.
Me gustó ser aire, moverme entre las hojas viejas y hermosas, resignadas a su aniquilamiento otoñal para ofrecer al árbol la oportunidad de revitalizar, con su savia, las hojas primaverales. El ruido no era ruido, era rumor, siseo, arrullos entre las ramas, sobre las aguas de los lagos formando diminutas ondas  como en un juego de niños.
El cielo, a retazos, asomaba entre las copas de los árboles en un azul purísimo mientras dejaba libre el camino a alguna pequeña nube blanca que,  solitaria, parecía buscar  un escondite en el firmamento para meditar en silencio sobre toda la belleza del planeta que se arropaba con aquella capa azul. Yo era más fuerte y la empujé hacía un recodo entre árboles vestidos de diferentes tonos y matices amarillentos, rojizos y marrones que aceptaron la visita entre roces cantarines como campanillas de plata.
Un riachuelo,  perdido entre la hojarasca,  dejaba escuchar el rumor de sus aguas cristalinas que bañaban los cantos del fondo de su lecho, cubriendo su superficie de burbujas parecidas a invisibles perlas de un cristal mágico. Me acerqué para retozar entre las aguas sin ser consciente de que sólo era viento y lo único que me estaba permitido hacer era enredar en su corriente para provocar suaves ondas que salpicaban las briznas de hierba de sus orillas.
Era tan hermoso  escuchar el murmullo de aquel torrente de agua transparente, que no pude evitar envidiar a las piedras que se dejaban lavar una y otra vez por la corriente. Fue entonces cuando quise volver a ser humano y me encontré sentado al borde del riachuelo. Todo era hermoso, silencioso, solitario y, sin embargo, estaba repleto de vida.

Entonces fue cuando lloré. - MAGDA 

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